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Sangre y purpurina

11 junio 2020

Muy receptiva a las injerencias y aportaciones de otros géneros, la novela negra tiene en la incorporación de Jeff Noon (Droylsden, Lancashire, 1957), uno de los soplos de aire fresco más vigorizantes de los últimos años. El adjetivo visionario se ha visto devaluado por su abuso pero en él encajaría a la perfección este músico, pintor, dramaturgo y maestro de la llamada “speculative fiction”, es decir, el diseño de ambientes y situaciones ligera e inquietantemente torcidos respecto a la realidad circundante, si bien por entero plausibles. Noon adquirió categoría de autor de culto en los años 90 gracias a la creación de un universo muy personal en el que la música, las drogas, la fantasía, lo alucinado… se mezclaban con un resultado muy personal y estimulante en obras como Vurt, Polen, Nymphomation o La aguja en el surco.

Tras el lanzamiento de “Nyquist Mysteries", una trilogía en que lo detectivesco, la ciencia ficción y el terror se entremezclan para construir una suerte de pesadilla lisérgica y metafísica, el autor ha facturado El rey perdido, una novela puramente negra, en la que nos transporta al Londres de los años 80, durante unos pocos días de agosto. La trama arranca con la aparición del cadáver de un cantante obsesionado con la figura de una estrella del glam rock que se suicidó años atrás -pensemos en un David Bowie enfermizamente atormentado- y generó un culto bastante enfermizo en torno a su persona, asesinato que se ha producido horas después de protagonizar un concierto homenaje a su figura. El rostro de la víctima reproduce el aspecto que su ídolo lució en la carátula de su último disco, donde aparecía con una máscara con la que adoptaba la identidad de un personaje bautizado como King Lost. La investigación corre a cargo de Henry Hobbes, un policía cuarentón que acaba de ser transferido de comisaría, después de granjearse el odio de sus colegas, que lo culpan del suicidio de un compañero tras presentar una denuncia contra él por abuso de poder. En su nuevo puesto también se enfrentará a un clima de animadversión, lo que lo animará a limpiar su buen nombre recabando pruebas de que el malogrado policía estaba metido en asuntos turbios que pudieron llevar a su asesinato.

Noon nos sumerge en las turbias corrientes del fanatismo musical y arma una historia con psicópata -a su manera muy ochentera y clásica en su planteamiento si bien original en su asunto y en las atmósferas (oscuras)- donde están muy trabajados los motivos enterrados en el pasado que propulsan la acción criminal, al tiempo que la subtrama sobre la corrupción policial (extorsión, racismo) depara sorpresas y vuelcos. Sólo cabe esperar que sigamos teniendo noticias del insobornable y tenaz Hobbes.

Antonio Lozano

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