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Ian Rankin

«La serie de Rebus ha conservado desde el primer momento su exquisita calidad […]. Su protagonista es un personaje soberbiamente descrito, y la escena escocesa y el diálogo destacan por su aguda autenticidad». The Times.


Cardenden, Escocia, 1960.

Ian Rankin nació en abril de 1960, en el pueblo escocés de Cardenden. Allí cursó sus primeros estudios, que más tarde amplió en la universidad de Edimburgo. Empezó a escribir a muy temprana edad. De niño, confeccionaba sus propios cómics, influenciado por todo tipo de publicaciones, desde The Beano a The Fantastic Four. De haber poseído dotes artísticas, quizá habría cultivado esa trayectoria. Sin embargo, a los doce años inventó un grupo de música pop imaginario y se dedicó a elaborar las letras de sus canciones. De haber poseído dotes musicales, quizá se habría lanzado al estrellato roquero. Sin embargo, las letras de las canciones se convirtieron en poemas y cuando comenzó sus estudios universitarios, su poesía había ganado ya diversos premios.

En la universidad, se alejó de la poesía para dedicarse al relato breve. También con este género obtuvo varios premios literarios, y uno de esos relatos fue creciendo y creciendo hasta transformarse en su primera novela. Ian Rankin escribió sus tres primeras novelas cuando supuestamente estudiaba para licenciarse en Literatura Inglesa. La tercera de ellas, Knots and Crosses, fue la que dio vida al Inspector Rebus.

Durante su carrera universitaria y después de concluirla, desempeñó diferentes empleos: trabajó en una granja de pollos, en investigación de alcohol (sí, en serio), como porquerizo, recolector de uva, recaudador de impuestos… Incluso hizo realidad uno de sus sueños uniéndose a una efímera banda punk, llamada The Dancing Pigs [«Los cerdos bailarines»] («Fife’s Second Greatest Punk Ensemble» [El Segundo Mejor Grupo Punk de Fife]).

En 1986, cuando la beca universitaria expiró, Ian Rankin se casó con Miranda Harvey, quien iba un curso por delante de él en la universidad, y se trasladó a Londres, donde Miranda trabajaba como funcionaria. Ian aceptó un empleo como ayudante en el National Folktale Centre y más tarde se pasó al periodismo. Empezó a trabajar como ayudante editorial para la prestigiosa revista mensual Hi-Fi Review, de ámbito nacional, y pronto ascendió a editor. Probablemente sólo sea una coincidencia, pero seis meses después de que dimitiera, la revista quebró…

Mientras tanto, él seguía escribiendo novelas. El primer libro protagonizado por el inspector Rebus pretendía ser una historia independiente, y experimentó con otros géneros (el terror, el espionaje, etc.) hasta que alguien le preguntó qué había sido del inspector Rebus. Decidió entonces resucitar a su detective y crear una nueva y exitosa aventura para él, y otra…, y otra más…

En 1988 fue elegido Hawthornden Fellow [miembro de la sociedad Hawthornden]. Posteriormente ganó el Chandler-Fulbright Award en su edición 1991-1992, uno de los premios de ficción detectivesca más prestigiosos del mundo (fundado por el legado de Raymond Chandler). El premio le llevó a Estados Unidos en 1992, donde durante seis meses condujo 20.000 millas [unos 32.000 km] desde Seattle hasta Nantucket (pasando por San Francisco, Las Vegas, New Orleans y Nueva York) en una autocaravana Volkswagen de 1969.

En la actualidad, reparte su tiempo entre Edimburgo, Londres y Francia, está casado y tiene dos hijos.

 

Exilio en Princess Street

Por Ian Rankin

Estudiaba en la universidad de Edimburgo. Había escrito una novela titulada The Flood. Versa sobre un adolescente que vive en una ciudad minera de Fife y sueña con escaparse a Edimburgo. Yo ya no era un adolescente. Le llevé el libro a mi padre. La heroína se llamaba Mary Miller. «¡Vaya! –dijo mi padre–. Vive a la vuelta de la esquina.» En fin, alguien llamado Mary Miller vivía a la vuelta de la esquina, pero no era mi Mary.

Mi padre se identificó con la mayoría de mis personajes, aunque se tratara de una monja. «Sí, es una monja –hubiera dicho–, pero habla como yo.» Creo que mi padre no llegó a comprender por completo The Flood. Quizá yo tampoco la entendiera. La novela se incluyó en el plan de estudios de la universidad de Edimburgo durante algún tiempo. A escondidas de los alumnos, acudí a una de las clases. Un alumno tuvo que leer un comentario de texto sobre la novela. En ella vieron la fantasía de Waste Land, símbolos en los colores, los elementos… Empecé a tomar notas. ¿Realmente podría ser el libro más inteligente que su autor?

Mi padre pasó The Flood a sus amigos y regresó a su librería: James Bond, Where Eagles Dare. Y yo regresé a Edimburgo e intenté escribir otra novela, una novela que pudiera leer un público más amplio que el formado por estudiantes y profesores. Era a mediados de los ochenta. Nadie en Edimburgo escribía novelas excepto yo, o así lo parecía. En Glasgow tenían a McIlvanney y a Gray y a Kelman. Compré el primer libro de Kelman para mi padre. Pensé que sería su estilo. Un obrero de clase obrera luchando contra el sistema. Pero mi padre no pudo leerlo. Dijo que «no estaba escrito en inglés». Dijo que no tenía argumento. Me quedé atónito. Era literatura. Era buena. Era lo que yo estaba estudiando. La reacción de mi padre me hizo reflexionar sobre el tipo de escritor que yo quería ser.

Quería actualizar Dr. Jekyll y Mr. Hyde y adaptarlo al Edimburgo de los ochenta. Mi idea era la siguiente: el bueno (Jekyll), policía, y el malo (Hyde), maleante. Así pues, escribí Knots & Crosses. Vivía en una habitación en una planta baja de Arden Street, por lo que mi héroe, John Rebus, tenía que vivir justo enfrente. Cuando se publicó la novela, me sorprendió que todo el mundo me dijera que había escrito una novela policíaca, de crimen. Creo que sigo siendo el único escritor de novela policíaca que conozco que no tenía ni idea del género antes de ponerlo en práctica. Había secciones de literatura policíaca en las librerías y las bibliotecas (nuevas para mí), y un sensato número de profesionales en activo. Así que en lugar de consagrarme a mis estudios literarios, me dediqué a la lectura de Rendell, James, Hill, Ellroy, Block, etc. Y no estaba mal. El estilo era flexible. Podía decir todo cuanto quisiera decir sobre el mundo, y seguir ofreciendo a los lectores una narrativa rítmica y absorbente.

Pero aún no era un autor policíaco. Escribí una novela de espías al estilo de Graham Greene. Escribí un thriller haciendo cabriolas técnicas. Y entonces decidí volver a intentarlo con Jekyll y Hyde, pero esta vez incluiría un juego de palabras entre Hyde y Hide [esconder]. Así nació Hide & Seek. Un crítico lo captó. Pero entonces ya era demasiado tarde. Empezaba a conocer y a apreciar al personaje de Rebus. Quería escribir otros libros sobre Escocia, y este tipo me serviría de «portavoz».

Me había marchado ya de Edimburgo y vivía en Londres. Hide & Seek llevaba ya algún tiempo publicada, y de súbito la policía empezó a investigar un caso similar al de mi novela. (Abogados y jueces eran sobornados por jóvenes chaperos: se consultó en el Parlamento y se decidió que dos abogados investigaran el caso que la policía llevaba a cabo sobre los abogados. Para sorpresa de todos, las indagaciones desvelaron que los alegatos eran falsos. Los agentes de policía implicados en el caso fueron degradados…) Decidí alejar a Rebus de Edimburgo durante un tiempo.

Londres no me gustaba demasiado: era un lugar lindo para visitar, pero tardaba noventa minutos en ir y otros tantos en volver; tres horas al día desperdiciadas en cruzar la ciudad. ¿Por qué tenía que ser yo el único que sufriera? Llevé a Rebus a Londres para que él también sufriera. El libro se tituló Wolfman. Entonces mi editor en Estados Unidos me propuso un título alternativo: Tooth & Nail. Me gustó más. Conservaba la secuencia de los anteriores y no me sonaba a novela de terror. Y, sin embargo, era una novela de terror. Un asesino en serie acecha Londres y Rebus es enviado como refuerzo. En aquel momento yo vivía en Tottenham, en un piso con vistas a un parque. Al otro lado del parque había un canal y decidí situar el primer cadáver allí. Para llegar es preciso cruzar un paso subterráneo, un pasillo lúgubre y estrecho, con las paredes cubiertas de azulejos blancos y graffitis. Dejé aquel piso en 1990, pero en diciembre de 1998, algunos amigos me enviaron una foto reciente del paso. Alguien había escrito la palabra «Wolfman» [hombre lobo] en letras negras de casi un metro de alto…

Estas tres novelas constituyen los primeros años de Rebus. No puedo leerlas sin pensar en mis «primeros años», mis años de aprendizaje como autor policíaco. Lean y disfruten.

Ian Rankin

Artículos

-"El Edimburgo de Ian Rankin", La Vanguardia (26/10/2012). Leer el artículo aquí.

 


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