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Los monstruos vienen de Tokio

26 junio 2019

Resulta un campo minado hablar de Devoradores de sombras sin incurrir en revelaciones que destripen las continuas muestras de asombro que va deparando su lectura. Con todo, siguen aquí una serie de temas y curiosidades presentes en este absorbente true crime con la intención de que sirvan de balizas.

1. La figura ancestral de la geisha -una mujer versada en las artes de la conversación, el canto, la danza, los juegos de mesa y otras formas de entretenimiento para el deleite masculino- no sólo perdura hasta nuestros días sino que encuentra una derivación perturbadora en la figura de la joven extranjera que acude a Tokio a trabajar en clubs nocturnos con la promesa del dinero fácil. Entre la camarera y la animadora, su tarea radica en crear un ambiente distendido y relajado para el cliente. No se consienten las relaciones sexuales en el local (ni siquiera el contacto físico) pero la empleada es libre de extender las relaciones fuera del ámbito laboral.


2. La seguridad de los foráneos en suelo japonés es poco menos que sagrada. Los bajos índices de criminalidad del país en términos absolutos, la condena social que acarrea maltratar al huésped -fruto de una arraigada tradición de hospitalidad- y las severas penas judiciales derivadas de hacerlo provocan que, ante la desaparición de un extranjero, la reacción inmediata sea pensar en un accidente o una huida voluntaria antes que en un acto violento.


3. Ligado al apartado previo, las circunstancias que fuerzan la colaboración entre los cuerpos policiales nipones y los de algún país foráneo son muy excepcionales. Llegado el caso, los obstáculos para una alianza fluida se multiplican. A las consabidas barreras idiomáticas y culturales, al tiempo que los recelos provocados por una mezcla de aislacionismo y heridas históricas del lado japonés, se suman metodologías de trabajo enfrentadas, desde la propia investigación criminal al nivel de transparencia en relación con los medios de comunicación y las familias de las víctimas.


4. Ligado al apartado previo, la marcada sensibilidad de los japoneses a la injerencia en sus asuntos se amplía a la labor de los periodistas. Lo experimentó en sus carnes Richard Lloyd Parry, un prestigioso y premiado corresponsal especializado en Asia, quien dedicó diez años a investigar el caso que daría pie a Devoradores de sombras. En este amplio marco temporal visitó cuatro continentes de cara a entrevistarse con numerosos implicados, siendo llevado a juicio en tierras japonesas y llegando a trabajar infiltrado en un barman en un club de striptease del barrio tokiota de Roppongi.


5. En una suerte de ley macabra no escrita, cualquier desgracia humana que recibe una extensa cobertura mediática atrae a una manada de buitres, dispuestos a sacar réditos económicos de la más absoluta miseria. La trágica figura de Lucie Blackman sacó de sus guaridas a toda suerte de escoria, desde estafadores profesionales a presidiarios, pasando por zahoríes australianos sin escrúpulos.


6. Pregunta tremendamente incómoda número 1 que plantea Devoradores de Sombras: ¿cómo puede un padre llegar a un acuerdo económico con el presunto depredador de su hija?


7. Pregunta tremendamente incómoda número 2 que plantea Devoradores de Sombras: ¿cómo puede un monstruo recibir correo de fans que responden al mismo perfil de las víctimas a las que causó un dolor inconcebible?

Antonio Lozano

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