Naturaleza Hostil

Tormentas salvajes, una evocación del infierno blanco

01 October 2018

Como todo detective canónico, Erlendur Sveinsson acarrea un trauma que en parte le motiva y faculta para ser bueno en su trabajo, otorgándole una dimensión íntima a su labor policial. Que sea un muerto -peso que acarrea sobre su conciencia y lo empuja a salvar otras vidas en un intento de redención por sistema aplazado- no es nada original, pero sí la naturaleza del muerto: un hermano, allá donde lo más común son los hijos o los cónyuges. También el modo en que se marchó: no asesinado por un ser malvado o víctima de un accidente de tráfico sino por el capricho de los elementos. El pequeño de los Sveinsson, recordemos, desapareció sin dejar rastro durante una feroz tormenta que cogió desprevenidos a ambos hermanos cuando eran niños y Erlendur nunca se ha perdonado el hecho de que le soltara la mano. Su obsesión con los relatos de gente engullida por los fenómenos naturales y las pesadillas que lo transportan a ese momento fatídico han sido motivos recurrentes a lo largo del ciclo.

Naturaleza hostil analiza esta fractura de origen fratricida con una profundidad y detalle como nunca antes por lo que probablemente nos hallamos ante la novela más personal y sensible de la serie, la que proyecta más luz sobre el agujero negro que ha consumido el alma de Erlendur. Éste viaja hacia los fiordos del este, los paisajes de su infancia, donde escuchará la historia de una mujer desaparecida misteriosamente en los años 40, presuntamente durante una devastadora tormenta de nieve y comenzará a investigar el caso hablando con los pocos testimonios vivos que la conocieron. La relación del caso con la volatilización de su hermano en circunstancias similares reabrirá viejas heridas.

A la hora de concebir el libro Indridason partió de un hecho real escalofriante: la tormenta salvaje que cogió desprevenidos a sesenta soldados británicos en los años 40, parte de las fuerzas militares que ocuparon Islandia durante la Segunda Guerra Mundial. Puede que Naturaleza hostil sea uno de los títulos más románticos del ciclo al tratar del amor imposible y trágico entre dos habitantes de los fiordos del este, y seguro que el mensaje final acerca de la necesidad de dar reposo a los muertos conmoverá a cualquier lector, pero el acercamiento a las condiciones climáticas extremas del Islandia es lo que lo dejará clavado a la silla. Es imposible saber lo que se siente frente a vientos que alcanzan los 100 kilómetros por hora y a temperaturas de -20ºC (y menos lo que padecieron aquellos soldados deficientemente equipados para enfrentarse a lo que en tiempos remotos se habría calificado de furia divina), aunque quizá contribuya mínimamente a hacerse una idea el darle click a este vídeo y rebobinar mentalmente sus imágenes mientras crucemos los pasajes en que Indridason evoca de forma tan sugerente aquel infierno blanco.

Antonio Lozano, Director de SN

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