Si tenéis curiosidad por las claves de los protagonistas de Faithful Place, la nueva novela de Tana French, a continuación os desvelamos algunas. Y si aún no estáis convencidos de que Faithful Place puede ser una de las mejores novelas del año, aquí tenéis el primer capítulo y seguro que os convence del todo:

Prólogo y primer capítulo de Faithful Place

El detective Francis Mackey

Francis (Frank) Mackey es un detective del Grupo de Operaciones Encubiertas de la Policía de Dublín. Pero, como ya ha trabajado en demasiados casos y su rostro es de sobras conocido por los delincuentes de un país demasiado pequeño, ahora se dedica a labores administrativas, lo que hace que esté bastante cansado de su trabajo. Tiene fama de buen policía, pero todo el mundo sabe que le gusta ir por libre, así que no

tiene una gran relación con sus compañeros, aun cuando éstos lo respeten. Si tuviéramos que resumir su metodología laboral, nada como sus siguientes reflexiones:

‘La información es munición’.

y

‘Si quieres cazar como un buen chucho jadeante, siguiendo el rastro a toda velocidad en cuanto te dejan suelto, lo tuyo es Homicidios. Si quieres entrar en Operaciones Encubiertas, y yo siempre lo quise, aprendes a cazar tal como lo hacen los grandes felinos: preparas la emboscada, te agazapas en el suelo y te acercas a hurtadillas centímetro a centímetro, durante tanto tiempo como sea necesario’.

y

‘Como la mayoría de los agentes que trabajan infiltrados, no soy muy propenso al miedo. He acudido a encuentros con hombres que tenían toda la intención de cortarme en trocitos y disponerme artísticamente bajo el pedazo de hormigón más cercano y nunca me he puesto a sudar siquiera. Esto, por el contrario, me tenía cagado de miedo’.

Frank Mackey está divorciado de Olivia, con quien mantiene una relación relativamente buena, y tiene una hija de nueve años llamada Holly, a quien no puede atender tanto como quisiera a causa de su trabajo como policía. Vive en la zona portuaria, ‘en un inmenso bloque de apartamentos construidos en los noventa, posiblemente por David Lynch’.

Pero lo más interesante de este detective es su obsesión por alejarse de su pasado. Abandonó el barrio donde se crió a los diecinueve años y, desde entonces, no ha vuelto a tener ningún trato ni con sus padres –a quienes desprecia‐ ni con sus hermanos –hacia quienes siente indiferencia‐. De hecho, casi nadie sabe que se crió en

Faithful Place y su propia hija no ha llegado a conocer a sus tíos y abuelos. O al menos eso cree Frank Mackey. Por otra parte, esta introversión no sólo afecta a la vida íntima del personaje, sino que sus compañeros de trabajo, así como los delincuentes a los que ha capturado desde el inicio de su carrera, también se ven afectados por la misma, cosa que ha convertido a Frank Mackey en un personaje solitario, duro y poco propenso a las amistades.

‘Con el paso de los años he sembrado y regado una serie de leyendas interesantes sobre mí, unas ciertas, otras no tanto, pero todas útiles, así que eso me ocurre a menudo’.

Dublin, ciudad del crimen

Tana French ha situado Dublín en el mapa policíaco, convirtiéndola en una de las ciudades más negras del viejo continente y dotándola de los detectives más atractivos del panorama narrativo. En su primera novela, ‘El silencio del bosque’, la autora nos presentó al agente Adam Ryan, que tenía que investigar unos crímenes acaecidos en el bosque de Knocknaree, a las afueras de Dublín; en su segunda obra, ‘En piel ajena’, conocíamos a la detective Cassie Maddox, que investigaba el asesinato de una chica en Whitehorn House; en ‘Faithful Place’ hemos seguido las peripecias de Frank Mackey; y en ‘Broken Harbour’ acompañaremos, tan pronto como sea publicada en España, a Mick ‘Scorcher’ Kennedy, que investigará el asesinato de una familia en la zona que da título al libro.

‘Faithful Place’ es un nuevo ejemplo del interés de Tana French por convertir Dublín en el escenario idóneo para los thrillers policíacos. La autora pone en funcionamiento la vida de un barrio (Liberties) que se nos va mostrando alternativamente en su decadencia de la década de los 80 –en la que el olor a malta y lúpulo desprendido por la fábrica Guinness lo inundaba todo‐ y en su conversión actual en un barrio más moderno –en el que los yuppies y los estudiantes universitarios lo copan todo‐. Pero, ¡cuidado!, según explica Tana French en la ‘Nota de la autora’ que aparece al final del libro, Faithful Place es una especie de invención: la calle estaba inicialmente ubicada al

‘otro lado del río Liffey (…), en el laberinto de calles que constituían el barrio chino’ y no en el barrio de Liberties. La escritora trasladó y reinventó este rincón de la antigua ciudad –ahora ya inexistente‐ al barrio de Liberties para la confección de esta novela, pero insiste en dicha nota en que realizó esta alteración en la geografía de la ciudad para no vincular el carácter de los personajes de su novela con el carácter de los auténticos vecinos de Liberties.

De cualquier modo, he aquí algunas descripciones que la autora ofrece en la novela de ese Faithful Place que reubicó y reinventó en el barrio de Liberties:

‘Seguro que no encuentras Faithful Place a menos que sepas dónde buscar. El distrito de Liberties creció por cuenta propia a lo largo de siglos, sin ayuda de ningún urbanista, y Faithful Place es una abigarrada calle sin salida oculta en medio de todo, igual que un falso giro en un laberinto. Está a diez minutos a pie del Trinity College y las tiendas con ínfulas de elegancia de Grafton Street, pero en mis tiempos no íbamos al Trinity y la peña del Trinity no se acercaba por aquí. La zona no era chunga exactamente —obreros, albañiles, panaderos, parados de toda la vida y algún que otro cabrón con suerte que trabajaba en la fábrica de Guinness y disfrutaba de asistencia sanitaria y clases nocturnas—, solo estaba retirada. Liberties recibió el nombre hace cientos de años porque allí la gente se lo montaba por su cuenta y establecía su propio reglamento. En mi calle, las reglas eran las siguientes: por muy pelado que estés, si vas al pub tienes que pagar tu ronda; si un colega tuyo semete en una pelea, te quedas con él para apartarlo en cuanto veas sangre, de manera que nadie quede en mal lugar; la heroína se deja para los de las urbanizaciones; aunque este mes vayas de punki, el domingo no te saltas la misa, y pase lo que pase, nunca te chivas de nadie’.

y

‘Faithful Place está formada por dos hileras de ocho casas, viejas edificaciones de ladrillo rojo con escaleras que suben hasta la puerta principal. En los años ochenta cada una albergaba tres o cuatro familias, o inclusomás. Pero una

familia era cualquier cosa, desde Johnny Malone el Loco, que había estado en la primera guerra mundial y te enseñaba el tatuaje de Ypres, a Sallie Hearne, que no era exactamente una prostituta pero de alguna manera tenía que mantener a todos esos críos. Si estabas en paro, te correspondía un piso en el sótano y carencia de vitamina D; si por una de esas casualidades de la vida tenías empleo, te correspondía al menos una parte de la primera planta, y si tu familia llevaba allí varias generaciones, por antigüedad te correspondía alojamiento en la planta superior, donde nadie caminaba por encima de tu cabeza’.

y

‘Puedes sacar a un chico de Faithful Place (…), pero no puedes sacar a Faithful Place del chico’.

Por otra parte, Tana French, e igual que hizo en sus novelas anteriores, aprovecha el pequeño escenario donde discurren los acontecimientos de esta novela para lanzar reflexiones sobre la evolución tanto de la ciudad como de los hábitos y costumbres de sus ciudadanos:

‘La opción menos arriesgada era el jardín trasero. Probablemente ahora la mitad de los jardines estaban emperifollados con arbustos, tarimas y chismes diversos de hierro forjado, pero por aquel entonces estaban todos descuidados y cochambrosos: hierba raquítica, tierra, tablones y muebles rotos y alguna que otra bici hecha polvo. Nadie salía al patio salvo para ir al retrete o, en verano, a tender la colada. Todo ocurría en la parte delantera, en la calle’.

o sobre la miseria moral y financiera que recorre todo el país:

‘Voy a decirte por qué Lavery no quiere derrochar el dinero en apartamentos de lujo. Cuando los haya construido, nadie tendrá dinero para comprárselos. Este país está a punto de irse al garete. Está en lo alto del acantilado y va a precipitarse al vacío en caída libre (…) Los yuppies son quienes te permiten

ganarte el pan, colega. Cuando se extingan, también te extinguirás tú. ¿Quién va a comprar esas teles de la hostia cuando estén todos en el paro? ¿Cómo se gana la vida un chapero si los clientes están sin blanca?’.

 

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