ARO SÁINZ DE LA MAZA: “Un día se te pone mal cuerpo e inicias el ajuste de cuentas”

Por Sebastià Bennasar

Una de las persones que mejor conoce el mundo de la edición en España es Aro Sáinz de la Maza (Barcelona, 1959). Pero no en el sentido que muchos de vosotros imagináis. No es propietario de ningún sello editorial, sino un hombre con muchas tablas en este mundo, que ha realizado muchos trabajos de edición de textos en el sentido americano del vocablo. Desde hace dos novelas ha entrado por la puerta grande en la casa de la novela negra española –aunque sus mayores reconocimientos han llegado vía Francia, como tantas cosas buenas de los últimos tiempos-. Debutó con El asesino de la Pedrera y ahora nos trae de nuevo a Milo Malart en El ángulo muerto una novela negrísima que desgarra el alma de los lectores como sólo pueden hacerlo los grandes libros. Estuvimos hablando mucho más rato, pero esto es lo que queda de la entrevista con este hombre enjuto, de sempiterno gorro de lana.

-De repente, un día, llegas al género negro, ¿por qué?

-Había hecho editings en muchos sellos editoriales hasta que estuve mucho tiempo en la Serie Negra de RBA trabajando para Anike Lapointe, que fue quién me dijo que probase a ponerme al otro lado, fue quien me encendió la bombilla. Pero en mis primeros libros ya había una visión negra de las cosas.

-Unos primeros libros de los que los aficionados al género negro no saben prácticamente nada… ¿de dónde procede Aro Sáinz de la Maza?

–Del sueño infantil de contar historias. Yo era muy tímido de pequeño y mi refugio era la lectura y quizás me trastorné y desde entonces ha sido una constante hasta ahora. Hice una primera novela horrorosa a la que le siguieron unas cuantas hasta que en la cuarta descubrí de qué iba esto de escribir y hasta ahora he publicado veintitrés títulos entre relatos infantiles, juveniles, cuentos, novelas que a veces parecían más ejercicios de estilo… quizá lo que puedo afirmar es que me encuentro muy a gusto en esta casa de la novela negra y que lo aprendido en este oficio me ha ayudado mucho.

-Como editor, ¿te has aplicado el cuento que aplicabas a los autores que editabas? Y ¿qué consejos les darías a los escritores en ciernes?

–Por supuesto que he aplicado todo lo que he aprendido. He vivido la historia en los dos lados, lo cual es una suerte inmensa. Y respecto a la segunda pregunta, desde joven aprendí que la clave de la escritura es la corrección. Yo dejo el primer original en el cajón, pasa un tiempo y le hago una revisión muy crítica leyéndolo como lector, y así va pasando sucesivos procesos de lavadora y luego lo dejo leer. Jamás hay que entregar una primera versión. Yo estoy convencido que escribir es un trabajo solitario, pero creo en el trabajo de equipo que está detrás de la publicación, hay una labor de equipo.

-Has dicho que hasta ahora habías hecho muchos editings. Pero lo has dejado…

-Es un trabajo desvalijador que te anula, no tienes capacidad de ir más allá de la descubierta de errores y es necesario alejarse un poco.

-Últimamente parece moda que los escritores monten editoriales. ¿Te ha pasado por la cabeza la tentación?

-Jamás. Yo tengo fe en el equipo y en la profesionalidad de cada uno en su rol. No es algo que suela pasar pero debería.

-Entremos por un momento en El ángulo muerto. En la novela hay un cambio radical respecto a la anterior, un cambio de atmósfera, ahora todo es gélido…

-Sí, es una novela igualmente asfixiante pero en esta ocasión por el frío, he mostrado una ciudad donde difícilmente se puede vivir. Necesitaba este cambio porque me permite cambiar totalmente el escenario sin tener que cambiar de ciudad. Necesitaba una Barcelona oscura.

-También dejas el psicópata asesino múltiple y la trama la reduces a algo más mundano que se acaba complicando mucho…

-Al principio había pensado que ni siquiera habría ese crimen, pero al ponerme a escribir vi que me faltaba un caso, que evolucionó hacia una novela menos liviana, más negra, más seria, buscando el puñetazo al lector.

-Doy fe de que consigues azotarlo. En un momento terrible de crisis decides convertirla en la verdadera protagonista de tu novela, tal y como hicieron los clásicos con el crack del 29… pero es una apuesta de riesgo, no es lo más habitual…

-Es verdad. El panorama es tan desolador que hay colegas que también han tocado la crisis pero lo han hecho más de soslayo, pensando que el lector ya lo tiene en casa como para encima tener que enseñarle el mundo con esta crudeza. Pero yo creo que sí, que había que hacerlo y utilizar los testigos lo más reales posibles. Tenía que volcar la rabia vieja que comparto con Milo Malart porque esta crisis se ceba demasiado con la gente y yo quería demostrar que los escritores no vivimos en un mundo a parte. Vemos los telediarios con los mismos personajes insultándonos de forma flagrante día a día hasta que se te pone mal cuerpo e inicias el ajuste de cuentas.

-Yo no sé si tus personajes absolutamente desarraigados y que lo han perdido todo leerán libros, pero sí que es cierto que colocas al lector al frente del abismo, ante la absoluta certeza que eso mismo le puede pasar a él…

-Por supuesto, es una situación que por desgracia le puede pasar a cualquiera en un instante. Lo que pasa es que a todas estas personas no nos las cruzamos de cara porque tienen una gran vergüenza y se esconden de sus vecinos, se esconden. La estadística de Cáritas es cierta y me la creo, una de cada cuatro personas está en el umbral de la pobreza.

-En tu libro lo que has querido retratar es precisamente esta pobreza media, no la extrema…

-Son los que están más abandonados. Por eso he situado una buena parte de la novela en Les Corts, un antiguo barrio obrero que luego fue de clase media y clase alta, un barrio de gente con la vida resuelta que de repente se encuentra en el aire con lo que supone de dureza ante un futuro incierto.

–De alguna manera has vuelto a la novela negra clásica…

-Es que lo que estamos viviendo es peor que lo que vivieron ellos. La casa de la novela negra tiene muchas habitaciones y con todos los respetos, la negra existe. Lo que pasa en mi libro pasa en nuestra ciudad y más actual no puede ser.

-Tenemos Milo Malart para rato?

-Yo dije que tenía que ser una tetralogía y lo será. A partir de ahí, el público es soberano y decidirá.

-A Francisco González Ledesma se le consagró en Francia y recientemente ha pasado algo similar con Víctor del Árbol. En tu caso la novela ha tenido una excelente acogida en el país vecino. ¿Qué nos pasa que tienen que venir los franceses a decirnos lo que es bueno?

-Lo ignoro por completo, no sé la razón y no me lo explico y soy el primer sorprendido. Pero me imagino, por los testimonios fugaces que he tenido la oportunidad de conocer allí, que muchos franceses tienen orígenes familiares en España o curiosidad por nuestra cultura. Desde luego están mucho más preparados que nosotros y eso se debe a un sistema educativo que sí que tiene sentido y que no cambia, y a un hábito de la lectura mucho más arraigado entre los jóvenes. Esta semana me sometí a un interrogatorio con 120 jóvenes y había preguntas muy brillantes.

-La crisis también ha golpeado a los escritores. Los jubilados no podrán cobrar derechos de autor, en el caso catalán hemos visto unos cuantos autores que vuelven a secundaria… ¿es un lujo vivir de escribir?

-Es imposible. Algunos lo logran, pero los puedes contar los dedos de una mano. Escribir en España es llorar, pero hay que pensar que quien resiste gana. Y luego depende de lo que entendamos por vivir, pero es muy jodido.

-¿Has tenido la tentación de volver a escribir algo no negro?

-No. Milo me costó un año, pero ahora ya no me suelta, he quedado abducido por él, tiene un recorrido muy largo.

-¿Qué le sobra y qué le falta al género negro?

-Sobre este tema hay eruditos que tienen muchos más elementos de juicio que yo, que me veo incapaz a pesar de leer mucho. Hay escritores que me encantan y otros que me repelen por la temática, pero en general hay un grupo de escritores muy bueno. Creo que falta paciencia, hay muchas buenas novelas a las que les falta un hervor, pero el nivel es muy bueno.

-Y ya para acabar, ¿tres recomendaciones para nuestros lectores?

-Últimamente todo el mundo le cita, pero Pierre Lemaitre es un gran autor técnicamente. Me gusta mucho Arnaldur Indridason porque tiene el arte de hacer fáciles las cosas muy difíciles. Es muy sobrio mientras te lleva a sitios increíbles y cuesta pillarle los trucos. Y por último Carlos Zanón, por su potencia y vigor.

Entrevista publicada en la revista Bearn Black